Los sábados no había qué preguntar. Sabíamos que teníamos que estar en la redacción del periódico antes de las 16:00 horas para poder entrevistar al entrenador de turno y poder hacer las previas de los partidos de fútbol de la edición del domingo. Superada esta hora, se corría el riesgo de que el técnico hubiera salido de su casa, generalmente a ver otros partidos -uno confesó con la boca chica que estaba en el Carrefour con su mujer-, y ya te olvidabas de él hasta las nueve de la noche. Era lo que suponía llamar a un teléfono fijo.
Puede parecer que era otra época, pero de eso solo han pasado algo más de 10 años, el boom de los móviles. Me viene a la mente aquel horario cuando comparo y veo cómo la tecnología ha cambiado las costumbres e incluso a las personas. “Ahora los niños de 2 años desbloquean la pantalla del iPhone, abren y cierran aplicaciones. Todo solitos. Yo a esa edad comía arena”, leí en un tweet de @OlaKAseTu. Cómico, pero verdad. A esa edad hoy, por supuesto, que comes arena, pero también empiezas a estar familiarizado, aunque no se entienda, con la tecnología, que ya no se puede llamar nueva porque hace tiempo que ella mismo desdibujó el concepto de novedad.
Toda esta introducción para contar que las redes sociales e internet (a la altura ya de inventos como la rueda) han revolucionado los hábitos de los mortales. No se ha librado ni la consolidada televisión, que ha encontrado en Facebook, Twitter, YouTube y demás un gran complemento para su programación. Las audiencias ya no solo se controlan en los hogares, sino también en las redes. En poco tiempo escucharemos que una cadena retira de su parrilla tal serie o concurso porque no fue retuiteada lo suficiente o porque no alcanzó en los tres primeros capítulos ni un trending topic.
Es la progresión de la comunicación 1.0 a la 3.0. Primero era solo emitir un mensaje, luego emitirlo y escuchar la respuesta y ahora emitirlo, escucharlo y enviar uno nuevo en función de la información recabada del usuario. Será el triunfo de las mayorías televisivas.
joryx.com / ddg
También se nota en la búsqueda de empleo. El currículo vitae y la carta de presentación en papel y los anuncios en prensa se han quedado casi obsoletas. Pero es que ni plataformas como Infojobs o Infoempleo son los referentes que fueron. Hoy los puestos, poquitos en España, están en los muros y en los timeline y, por supuesto, en Linkedin. Los más valientes tienen su currículo en vídeo, aunque lo más importante hoy es lo que se denomina tener reputación on line. Básicamente, que el de Recursos Humanos de una empresa no encuentre una foto o comentario tuyo comprometido cuando ponga tu nombre y apellidos en Google, convertido hoy en el primer filtro laboral, sino que se haga una idea de que eres un crack. Por eso es conveniente hacer esta prueba por ti mismo ya.
A partir de aquí todo lo que a uno se le ocurra está en las redes sociales. De cómo elegir universidad, a pedir financiación sin pasar por los bancos (crowdlending) y saber lo último de la gastronomía española. Eso sin contar con que las redes sociales están acabando poco a poco con las cámaras de fotos y la publicidad de toda la vida. Ahora las ponencias tienen que ser tuiteables, hay escraches virtuales, la soberanía sigue residiendo en el pueblo, pero en el digital, las denuncias y las reclamaciones son más efectivas en Twitter que en las oficinas del consumidor y los periódicos se leen en tus listas de Twitter para no acudir a ellos directamente.
Cambian también las rutinas humanas: se felicita por Facebook, se da el pésame por Twitter, se liga por Meetic y se habla con los amigos de toda la vida y de la Universidad por los grupos de WhatsApp (se admiten en el apartado de Comentarios más cambios que se os ocurran). Leído en voz alta suena poco romántico, pero aún más revolucionario, aunque claro el que escribe esto entregó trabajos en la universidad escritos a máquina porque a mano ya no se podía.
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martes, 3 de septiembre de 2013
¿Estudias o tuiteas?
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lunes, 19 de agosto de 2013
Google, como las madres
Hace un año que comencé a volcarme en el mundo súper cambiante y casi infinito del community management y desde el primer día se me quedó grabada o me grabaron la palabra posicionamiento. Es el objetivo-obsesión de las empresas y de los profesionales del marketing digital. Tiene su lógica. Se trata de colocar tu negocio, producto o servicio en las primeras posiciones del dios Google, aunque al buscador que utilizamos casi todos yo lo veo más como una madre que como un todopoderoso, admitiendo el hecho de que también las madres tienen algo de sobrenatural. Regresando a la cuestión y poniéndonos descartianos: Si estás arriba en su página eres, si no, dejas de existir. Y para estar en la pole position o pagas o te lo curras (SEM y SEO).
También me hablaron de que había que luchar contra los algoritmos programados de Google que te evalúan para castigarte o premiarte. Aquí es donde veo el mayor parecido con las madres. Y luego me imaginaba un paisaje tipo Tierra Media en El Señor de los Anillos en donde los community manager se enfrentaban a los googelianos por la conquista de los algoritmos. Es algo más complejo (por el componente técnico) y sencillo a la vez. Detrás de Google está un complicado entramado de programación informática que puntúa tus movimientos en la red.
Imagen de El Señor de los Anillos (New Line Cinema).
Ese empeño por posicionar significaba en muchos casos que los autores de los blogs, redes sociales y páginas web estuvieran más atentos por satisfacer las operaciones de Google que a sus propios destinatarios. Lo importante era estar arriba, vender y luego los demás. Había truquitos, que los sabían unos pocos, porque Google oficialmente no abría la boca. Te podías encontrar recomendaciones cómo preñar tu perfil de Linkedin de las palabras clave que te interesaban cuando querías que te encontraran. Por ejemplo deslizar artificialmente más de 40 veces periodista en tu currículo, aunque no casara mucho. Se trataba de jugársela al robot. Los había más sofisticados creando dominios sombra, páginas puerta o enlaces ocultos (A Google tanto le interesa eliminar estás prácticas que incluso ha habilitado una dirección para denunciarlas).
A mí todo esto me parecía extraño porque yo estaba acostumbrado a escribir y dirigirme a personas humanas (lectores de prensa) y no a entes programados, pero eran las reglas de juego. Pero no las de Google que, como las buenas madres, no tiene un pelo de tonto y vio que le estaban engañando -no me gustaría verme en medio de su furia- y ahora si te pilla la has cagado.
Lo último que dice es que premia la calidad de los contenidos (Facebook también ha cambiado su algoritmo para premiar el valor de la afinidad). Me parece bien. Tiene parte de los fundamentos que aprendí en la Facultad de Periodismo. Una noticia es que sea un hecho verdadero, inédito, actual y de interés general. La calidad es luego lo que te diferencia de tu competencia (la máxima del contenido es el rey).
Pero tampoco nos vayamos a engañar, nuestra madre Google tampoco es que esté más preocupada por la calidad que antes. Le puede inquietar que el usuario salga satisfecho de su búsqueda, pero sobre todo quiere ingresos y sabe que si la chicha es sabrosa, generará más tráfico y a más tráfico, sus ganancias publicitarias se incrementarán (Manda narices que se beneficie de contenidos de los demás a coste cero, que luego los castigue y que además admita sin tapujos que nos espía a través de los correos electrónicos de Gmail para incluir publicidad. Es lo que tiene el monopolio: dependencia. Cinco minutos sin él puede ser el caos).
Luis M. Villanueva, experto en SEO, apunta que “quien posiciona ya no es Google: son las personas. El nuevo posicionamiento es 20% de técnica y 80% de emociones”. Me parece un terreno más justo para todos. En los sentimientos ya no cuentan tanto los trucos, aunque sí hay normas de estilo que ayudan a mejorar el posicionamiento.
Consejos y expresiones mágicas para mejorar el SEO hay para parar un carro en la red: titulares que enganchen, imágenes, vídeos, negritas, cursivas, ser activo en las redes sociales, crear relaciones, keywords, escribir para otros blogs, interaccionar, cuidar la estética, actualizar… Enlazo esta entrada por su visualidad.
Básicamente: contenidos de calidad y orientado a personas. Repetido en voz alta suena a simple sentido común.Y, por supuesto, nada de truquitos porque al final las madres siempre te pillan. Por eso, Google si en algún momento te has sentido ofendido con algo de este post, mis disculpas por adelantado.
Enlaces de interés sobre los algoritmos de Google:
http://ow.ly/o1WDY
http://ow.ly/o1WG8
http://ow.ly/o1WJH
http://ow.ly/o1WMR
http://goo.gl/1VMzwJ
También me hablaron de que había que luchar contra los algoritmos programados de Google que te evalúan para castigarte o premiarte. Aquí es donde veo el mayor parecido con las madres. Y luego me imaginaba un paisaje tipo Tierra Media en El Señor de los Anillos en donde los community manager se enfrentaban a los googelianos por la conquista de los algoritmos. Es algo más complejo (por el componente técnico) y sencillo a la vez. Detrás de Google está un complicado entramado de programación informática que puntúa tus movimientos en la red.
Imagen de El Señor de los Anillos (New Line Cinema).
Ese empeño por posicionar significaba en muchos casos que los autores de los blogs, redes sociales y páginas web estuvieran más atentos por satisfacer las operaciones de Google que a sus propios destinatarios. Lo importante era estar arriba, vender y luego los demás. Había truquitos, que los sabían unos pocos, porque Google oficialmente no abría la boca. Te podías encontrar recomendaciones cómo preñar tu perfil de Linkedin de las palabras clave que te interesaban cuando querías que te encontraran. Por ejemplo deslizar artificialmente más de 40 veces periodista en tu currículo, aunque no casara mucho. Se trataba de jugársela al robot. Los había más sofisticados creando dominios sombra, páginas puerta o enlaces ocultos (A Google tanto le interesa eliminar estás prácticas que incluso ha habilitado una dirección para denunciarlas).
A mí todo esto me parecía extraño porque yo estaba acostumbrado a escribir y dirigirme a personas humanas (lectores de prensa) y no a entes programados, pero eran las reglas de juego. Pero no las de Google que, como las buenas madres, no tiene un pelo de tonto y vio que le estaban engañando -no me gustaría verme en medio de su furia- y ahora si te pilla la has cagado.
Lo último que dice es que premia la calidad de los contenidos (Facebook también ha cambiado su algoritmo para premiar el valor de la afinidad). Me parece bien. Tiene parte de los fundamentos que aprendí en la Facultad de Periodismo. Una noticia es que sea un hecho verdadero, inédito, actual y de interés general. La calidad es luego lo que te diferencia de tu competencia (la máxima del contenido es el rey).
Pero tampoco nos vayamos a engañar, nuestra madre Google tampoco es que esté más preocupada por la calidad que antes. Le puede inquietar que el usuario salga satisfecho de su búsqueda, pero sobre todo quiere ingresos y sabe que si la chicha es sabrosa, generará más tráfico y a más tráfico, sus ganancias publicitarias se incrementarán (Manda narices que se beneficie de contenidos de los demás a coste cero, que luego los castigue y que además admita sin tapujos que nos espía a través de los correos electrónicos de Gmail para incluir publicidad. Es lo que tiene el monopolio: dependencia. Cinco minutos sin él puede ser el caos).
Luis M. Villanueva, experto en SEO, apunta que “quien posiciona ya no es Google: son las personas. El nuevo posicionamiento es 20% de técnica y 80% de emociones”. Me parece un terreno más justo para todos. En los sentimientos ya no cuentan tanto los trucos, aunque sí hay normas de estilo que ayudan a mejorar el posicionamiento.
Consejos y expresiones mágicas para mejorar el SEO hay para parar un carro en la red: titulares que enganchen, imágenes, vídeos, negritas, cursivas, ser activo en las redes sociales, crear relaciones, keywords, escribir para otros blogs, interaccionar, cuidar la estética, actualizar… Enlazo esta entrada por su visualidad.
Básicamente: contenidos de calidad y orientado a personas. Repetido en voz alta suena a simple sentido común.Y, por supuesto, nada de truquitos porque al final las madres siempre te pillan. Por eso, Google si en algún momento te has sentido ofendido con algo de este post, mis disculpas por adelantado.
Enlaces de interés sobre los algoritmos de Google:
http://ow.ly/o1WDY
http://ow.ly/o1WG8
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